Cómo reconocer un cosmético vegano

En los últimos años el sector de las cosmética natural, ecológica y vegana, ha protagonizado un aumento de consumidores que buscan cosméticos más acordes con sus convicciones morales. Por ello, cada vez son más las marcas de cosmética que se suman a esta tendencia, bien creando sus propias líneas de productos veganos o bien, certificando aquellas marcas que están en sintonía con esta filosofía, sus productos como libres de ingredientes animales.

Reconocer un producto vegano, hoy en día, incluso con toda la información a la que tenemos acceso, es un trabajo muy largo y arduo; y leer y entender toda esa retaila de ingredientes nunca despeja las dudas del consumidor. Componentes en latín, nombre técnicos o conservantes conocidos como los E’s que suelen ser los culpables de que el producto termine de nuevo en el stand del súper.

¿Qué es la cosmética vegana?

Antes de lanzarnos en la búsqueda de nuestra hidratante o nuestro champú ético, tenemos que entender qué es la cosmética vegana y que implica que una marca comercialice este tipo de productos. La cosmética vegana es una forma de belleza que excluye cualquier forma de explotación o producto de origen animal. Esto significa que ni el producto final, ni en el proceso de elaboración, así como los ingredientes son de origen animal ni son testados en animales.

En 2003, la Unión Europea puso en práctica una nueva legislación para eliminar la experimentación animal en productos de belleza, sin embargo aún estamos muy lejos de ese objetivo. El problema radica en que hecha la ley hecha la trampa ya que dentro de la misma ley de prohibición encontramos la prerrogativa de que las marcas se pueden acoger y eximirse de la misma si demuestran que no cuentan con un sistema alternativo fiable. Fuera de la UE, el panorama es peor para los animales ya que más del 80% de los países sigue permitiendo realizar estas pruebas.

La situación actual es la siguiente: la ley establece la prohibición de experimentar ingredientes cosméticos en animales en cualquier lugar de la UE, así como la venta o importación a la UE de cualquier ingrediente experimentado en animales para usar en cosméticos, o en los cosméticos finalizados.

Cifras escalofriantes

De acuerdo a las últimas estadísticas disponibles (obtenidas de organizaciones en favor de los derechos de los animales), más de 11 millones de animales son usados en la investigación en la UE cada año, y en EE.UU., según estimaciones, la cifra podría superar los 100 millones.

Con la nueva metodología de recuento impuesta por la Unión Europea, (volvemos al hecha la ley hecha la trampa) los datos ahora no muestran el número de animales usados para experimentación sino el número de usos que se le ha dado a estos animales. A pesar del intento por parte de los organismos públicos de esconder esta realidad, los datos hablan por sí solos. En el contexto de en un país donde, en teoría, está prohibido testar en animales, en 2016, en España se realizaron 917.986 pruebas en animales. Este dato lo arroja el último informe del Ministerio de Agricultura sobre «bienestar animal y utilización de animales en la investigación y docencia», y registra datos escalofriantes como: unos 539.974 usos de ratones, 7.223 de cobayas, 89.975 de aves de corral, 54.895 de ratas, 28.035 de conejos, 9.434 de cerdos,228 primates, con 1.083 usos de perros y 358 de gatos.

Miles de animales son maltratados y utilizados en pruebas que les provocan heridas, lesiones, enfermedades e incluso la muerte. Algunas de estas pruebas son letales como «La dosis letal (Ld50)», una prueba de toxicidad aguda que consiste en estimar cual es la dosis letal de un producto o de una sustancia química. Para ello se selecciona a un grupo de animales a los que se fuerza a ingerir una determinada cantidad de dicho producto hasta superar el umbral. Durante el procedimiento, que puede durar varios días, y dependiendo de la sustancia suministrada, los animales pueden sufrir úlceras, convulsiones, lesiones pulmonares, renales, hepáticas, hemorragias, etc. La investigación se termina cuando a base de repeticiones el 50% de los animales mueren.

La certificación privada

Actualmente no existe ningún organismo público, nacional o internacional, que garantice el bienestar animal y sus derechos. Existen organizaciones privadas que testan y analizan marcas y productos para certificarlos.

Las claves de la cosmética vegana son dos: ingredientes 100% vegetales y productos no testados en animales. Para estas dos cuestiones existen varios certificados:

Dentro de la certificación vegana encontramos el sello otorgado por la Vegan Society, una organización que pretende promover el estilo de vida vegano. Bajo este sello se certifica que el producto es vegano, es decir, no contiene ningún ingrediente de origen animal, además, tanto en la fabricación o el desarrollo del producto o sus ingredientes no se han usado productos o derivados de origen animal. Queda implícita también la prohibición de ninguna forma de pruebas en animales. Además de en productos de cosmética también se utilizan en alimentación, higiene, hogar y ropa.

Dentro de la certificación ‘cruelty free’ o sin pruebas en animales, encontramos tres sellos que garantizan estos principios. El primero de ellos, es el certificado otorgado por People for the Ethical Treatment of Animals» (PETA), la organización de derechos de los animales más grande del mundo. Este sello certifica que las empresas ni cobran ni pagan por realizar ningún tipo de pruebas en animales, ni los ingredientes ni el producto final se testa en animales. Los criterios para tenerlo son mediante un cuestionario y una declaración de compromiso y veracidad. Cada año Peta elabora una lista con las marcas que llevan su sello.

El segundo, es el certificado internacional otorgado por la Organización Leaping Bunny, el más exhaustivo en sus certificaciones. Acredita que los productos que lo llevan no están testados en animales; incluyendo el desarrollo y el proceso de producción. Además certifica que ni la marca ni sus proveedores han realizado este tipo de pruebas. El certificado se entrega mediante una auditoría externa en el que la empresa se presenta de manera voluntaria y cada tres años se renueva mediante el mismo proceso.

Por último, el certificado otorgado por la Organización Choose Cruelty Free (CCF), una asociación australiana, que certifica que ni la empresas, ni sus proveedores testen sus ingredientes o productos en animales. Además, aquellas empresas que cuentan con una matriz mayor están obligadas a certificar todo el grupo empresarial. Este certificado tampoco permite utilizar ingredientes derivados de animales. Para tenerlo las empresas deben realizar una acreditación mediante un formulario y un contrato que se renueva cada poco tiempo.

Que un producto sea cruelty free no garantiza que sea vegano ya que se en cosmética se utilizan ingredientes de origen animal.

La cosmética si es vegana y ecológica mejor

Aunque la cosmética vegana no tiene que ser necesariamente ecológica es cierto que los consumidores que eligen esta forma de vida eligen marcas cuyos ingredientes sean lo más naturales posibles. Para saber si un producto es ecológico podemos fijarnos en dos sellos: primero, el sello más reconocido nivel internacional es la euro-hoja, el certificado de Agricultura Ecológica Europeo creado por la Comisión Europea y con carácter voluntario, que asegura que el 95% de los ingredientes del producto, como mínimo, se ha producido de acuerdo con métodos ecológicos. Aunque es más utilizado en alimentación hay productos cosméticos que pueden llevarlo en su etiquetado.

El segundo, más enfocado al ámbito de la cosmética, el sello más reconocido es el de EcoCert, un certificado francés especializado en garantizar productos procedentes de agricultura ecológica, además es una empresa pionera en prácticas responsables preocupada en reducir el impacto ecológico con el uso de papel reciclado o productos de limpieza biológicos.

¿Qué ingredientes son de origen animal?

A pesar de contar con un gran numero de certificaciones todavía existen marcas que sin ingredientes de origen animal no cuentan con la certificación privada, bien sea por ahorrarse el papeleo o por criterios económicos. En ese caso no tenemos más remedio que armarnos de paciencia y leer esa interminable lista de ingredintes. Aquí os dejamos una lista de los ingredientes de origen animal más recurrentes dentro de la cosmética:

  • Cera alba, honey o miel
  • Carmine o cochineal extract, es un pigmento natural que se utiliza como colorante y se extrae del insecto cochinilla.
  • Collagen, normalmente procedente de huesos y cartílagos de animales.
  • Keratin, proteína presente en el pelo, cascos, pezuñas, y cuernos de animales.
  • Lanolin y cholesterol: también llamados lanolina y colesterol se extraen de la lana de las ovejas.
  • Milk. Leche, proveniente de varios animales, además de las vacas.
  • Squalane aceite de hígado de tiburón.
  • Cod liver oil Aceite de hígado de bacalao.
  • Mink oil aceite de visón.
  • Silk: seda o proteína de seda.
  • Ácido hialurónico puede ser de origen animal, aunque también existe una versión sintética.

Encontrar cosmética vegana es fácil si aparecen los sellos en los etiquetados. Cuando estos sellos faltan la mejor opción es buscar alternativas que los tengan o investigar más sobre la marca y sus productos. Actualmente las propias marcas, aunque sin certificación, aseguran que sus productos son veganos, para asegurarnos de que una marca no testa en animales, la mejor opción es preguntar directamente a la marca o comprobarla en alguna de las listas de las organizaciones certificadoras.

 

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